Esta maravilla trasciende la simple circuitería, integrándose directamente con los sistemas centrales del arma. Crea un vínculo simbiótico donde cada acción alimenta un pulso vivo de poder, convirtiendo los ataques incansables en una tormenta autosostenible. El arma ya no es una herramienta; está viva, y su corazón late al compás de tu furia de batalla.