El metal brilla débilmente con una luz iridiscente, como si hubiera absorbido la luz del sol y la luna. Resuena con energía cósmica, haciendo que quien la empuñe sienta un cosquilleo interno.
El metal brilla débilmente con una luz iridiscente, como si hubiera absorbido la luz del sol y la luna. Resuena con energía cósmica, haciendo que quien la empuñe sienta un cosquilleo interno.